Casi no oye, casi no habla, pero participa en su comunidad

Casi no oye, casi no habla, pero participa en su comunidad

MERCEDES — Virginia Pérez es un ejemplo de la fuerza que tienen los inmigrantes para vencer los obstáculos en este país.

Ella tiene sordera parcial y no puede oír bien a las personas, pero esa incapacidad no le ha impedido participar en las reuniones para discutir acerca de la reforma de inmigración y los problemas de salud, educación y trabajo en el condado de Hidalgo, Texas, ubicado en la frontera con México.

Ella participó en una reunión reciente en la que los grupos organizados de la comunidad discutieron lo importante que sería que el Censo lleve a cabo un conteo completo de la gente, incluidos los inmigrantes con o sin documentos, para que al menos una parte de los 300,000 millones de dólares que distribuye el gobierno federal llegue a esta región pobre, marcada por las tasas más alta de diabetes y obesidad infantil en Estados Unidos.

Virginia, de origen mexicano y en sus cuarenta años, es una persona humilde y trabajadora. Hace poco, me cuentan sus compañeras, ella acudió a una feria de la salud y las organizadoras de su comunidad le consiguieron un examen de la capacidad auditiva y, más tarde. los recursos para conseguir un aparato que le ayudara a escuchar mejor. Virginia ahora se ve contenta y participó en toda la conferencia.

Convertida en ciudadana, Virginia es una de las inmigrantes más activas en Mercedes. Una consecuencia de su discapacidad ha sido también que no habla con la claridad normal, pero sus compañeras la entienden.

“Es un orgullo tenerla entre nosotros”, dice María Gómez, una de las organizadoras de La Unión del Pueblo Entero, un grupo que creó el líder campesino César Chávez a fines de los 80. “Es un ejemplo de lo que puede alcanzar un inmigrante”.

Esta organización, heredera de las grandes luchas de la Unión de Trabajadores Agrícolas de Estados Unidos, ha estado al frente de la campaña por la reforma de inmigración. Aunque Virginia ya resolvió su condición de inmigrante, muchas de sus compañeras no, y esa es la razón que la impulsa a seguir adelante. A pesar de que escucha y habla muy poco, Virginia entiende perfectamente la necesidad de participar en ese esfuerzo y hacer oír su voz. Y la de ella, en especial, es una voz muy fuerte.

En esta ocasión, Virginia ya acudió a la reunión con sus aparatos auditivos.

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